Autor Tema: Bellezas sureñas II  (Leído 82 veces)

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mascota infiel

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Bellezas sureñas II
« en: Julio 26, 2020, 10:15:43 am »

Explico una cosa: lo del guía era para señalar una característica notable de la gente que vive del turismo (al menos, de la que nos encontramos en ese viaje) y es que les rompe las bolas el turista.

Sigo con la recorrida. No podía faltar ir a ver los elefantes marinos a Península de Valdés. Nuevamente el guía se pasó la mitad del camino renegando de la suerte que esos malditos porteños (había de otras nacionalidades en el pequeño contingente, pero no importaba, para el que odia la confusión entre odiados es esencial) y advirtiendo que difícilmente veríamos algo más que unas cuantas focas gigantes a la distancia, mientras nos cagábamos de frío en el mirador.

Arribamos al lugar, previo paso por un Faro/Museo que estaba bastante bien, y nos bajamos en la única, repito, la única posada que había en 50.000 km. a la redonda. Obviamente, nuestra mezquina mente porteña imaginaba las delicias con las que los lugareños nos esperarían: chocolate caliente, guiso de lentejas, cordero asado, goulash con papas fritas, merengues de manzana (el hambre y el frío también provocan confusión en las mentes). Recuerdo al lector (porque parece que es uno solo) que una de las características de las empresas gastronómicas de la zona es que saben con anticipación cuando arribarán porteños millonarios y hambrientos con ganas de comer algo rico a precio de oro, hasta saben la hora, la cantidad de personas, es más, podrían anticiparse a los gustos de los molestos visitantes pidiéndole al guía o al chofer de la camioneta que haga una modesta indagación al contingente acerca de lo que querrían comer y se la transmita por radio o teléfono (porque están en contacto permanente). Pero no, parece que es demasiado pedir para la burguesía local.
Entonces, cuando llegamos a la posada, cagados de frío y de hambre, nos recibieron con el siguiente menú: hay tres empanadas (no es joda, era lo que había) y cinco milanesas (frías) para comer en sandwiches. También había un par de galletitas dulces de paquetes y unos alfajores de maicena a precio de uranio enriquecido, y nada más. Encima, el dueño del lugar deliraba (soy literal, no metafórico) acerca de que el dulce de leche de los alfajores lo habían hecho en noche de luna llena, etc.

Una mierda total.

Pasado el mal trago (el "sanguche completo de milanesa" incluía lechuga que había sobrado de una ensalada), hicimos el camino ascendente hasta el mirador. El guía señalaba la cantidad de fósiles de moluscos que había en el terreno (yo creo que eran de braquiópodos, pero no tenía ganas de discutir) y advertía que no se podían tocar ni llevar como recuerdo (cosa que me pareció bien). Llegamos al mirador y vimos un mar azul bellísimo y cientos de elefantes marinos hembras (que no son trompudas) y sus crías tomando solcito.

El guía señalaba que eran sólo hembras porque los machos andaban en cercanías de la Antártida, alimentándose. Que las hembras quedaban amamantando a sus crías y que cuando avanzara la temporada vendrían las orcas a almozarse alguna de ellas, pero que eso sólo sucedía avanzada la temporada. Porque si hay un odontoceto que cumple con las expectativas de los guías acerca de respetar el calendario de apariciones son las orcas, no como las ballenas que violan todos los acuerdos y contratos, así que no había que ilusionarse con ver orcas, porque para eso estaban "Animal Planet" y "NatGeo" y... redepente, una sombra negra surcaba el mar en paralelo a la playa... El guía decía "no puede ser, es un banco de algas, es un avión, es Aquaman, es la Sirenita..." pero no, era una orca. Sí señor, una orca anduvo yendo y viniendo como quien mira el menú en la vidriera tanto para decidir si entra a comer como para comentárselo a sus amigotes. Así que, para consternación del guía, vimos el impresionante paseo de la orca que iba y venía por el mar somero, sin hacer otra cosa que pasear y provocarle un infarto al guía resentido.

Fantomas

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Re:Bellezas sureñas II
« Respuesta #1 en: Julio 26, 2020, 03:03:19 pm »
Mi poca experiencia con guias fue malisima.

Creo que hoy en día si querés vacaciones posta  y no simplemente cambiar de paisaje donde estresarse  habría que ir a otros lugares donde la filosofía de vida sea distinta y/o lugares donde la planilla del excel no les llego todavía, porque hoy en los centros turísticos clásicos, te cuentan hasta los porotos para maximizar la ganancia y esta todo armado para el turista que mas guita les deja léase quienes cobran en dolares, euros o yenes y muchos de esos turistas les importa 3 carajos las cuestiones que hacen realmente un lugar distinto de otro, por ejemplo la comida te ven un  plato típico y les da asco y pretenden un mcdonalds en el medio del Amazonas l.

Lo del guiá resentido, no es por justificar, pero supongo que en muchos casos debe tener su sentido, sobre todo si son guiás que nacieron en el lugar. La globalización a muchos pueblos les impone por ejemplo los mismos precios de muchas cosas que el primer mundo, salvo los sueldos.  A muchos les cambio el estilo de vida radicalmente y si bien mejoraron su economía esa mejora no es de la misma magnitud que el cambio de estilo de vida que hicieron.

No se en el turismo local, pero en varios países de latinoamerica se nota ese resentimiento de laburar para gente que te lleva puesto porque su moneda vale mas que la tuya y es difícil romper el hielo y que no te consideren como un signo dólar caminante. En muchos casos hay mucha diferencia de poder adquisitivo entre el turista y el local.


« Última modificación: Julio 26, 2020, 03:10:39 pm por Fantomas »

mascota infiel

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Re:Bellezas sureñas II
« Respuesta #2 en: Julio 26, 2020, 09:23:19 pm »
Lo que me llamaba la atención era la poca disposición a hacer la cosa bien, o al menos no tan mal.

El guía podría haber dicho lo mismo y después, cuando aparecían los animales inesperadamente decir "les traje suerte, cuéntenles a sus amigos que el guía Mengano les trajo suerte". O decirle a la mamá "hacéme unas empanadas" o unos sanguches y vendérlselos al grupo de muertos de hambre que paseás.

Pero lo peor eran las hosterías cerradas o vacías o mal atendidas. Especialmente porque eran concesiones, la concesión tenés que pagarla, no es algo como la colimba que no podés evitar, sino que hiciste una movida para tenerla ¿no querés ganar plata con eso?

Unicordio

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Re:Bellezas sureñas II
« Respuesta #3 en: Julio 27, 2020, 03:42:08 pm »
Igual seamos realistas... Está visión es valida, pero es un lado del mostrador.

Habría que ver el otro, turistas pelotudos que se sacan en reclamos, porque lo pingüinos, las orcas y los elefantes no estaban cuando ellos pasaron o fueron.

Hay gente que espera que la naturaleza respete los montos pagados con sus tarjetas de créditos.

Eso explicaría el guía que no quiere dar la más mínima ilusión de ver la fauna.

Lo de las hosterias no lo entiendo.
Por eso somos cinco.

mascota infiel

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Re:Bellezas sureñas II
« Respuesta #4 en: Julio 27, 2020, 04:22:28 pm »
Igual seamos realistas... Está visión es valida, pero es un lado del mostrador.

Habría que ver el otro, turistas pelotudos que se sacan en reclamos, porque lo pingüinos, las orcas y los elefantes no estaban cuando ellos pasaron o fueron.

Hay gente que espera que la naturaleza respete los montos pagados con sus tarjetas de créditos.

Eso explicaría el guía que no quiere dar la más mínima ilusión de ver la fauna.

Lo de las hosterias no lo entiendo.

Parece que escribo en arameo... si yo dije que estaba bien que el tipo advirtiera que podíamos no ver ni una babosa abajo de una piedra, lo que me rompía las pelotas era que el tipo se enojara porque aparecía la fauna, en lugar de alegrarse y de sacar provecho a la circunstancia de que tuviéramos suerte.

Por eso lo asocio con lo de las hosterías del orto, parece que dijeran "qué boludos, vienen a ver las ballenas, que las miren y listo, que se caguen de hambre".